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23/12/13

Es un adiós, no un hasta luego (II).

Dije adiós y la puerta se cerro sin mirar hacia atrás. Tantos desafíos, retos y caídas que no supimos como rehacernos una vez más. Benditos años en los que la vida parecía una cuenta atrás hacia quién sabe donde. Y tan solo dieciséis primaveras llevaba en la maleta junto a unas cuantas fotografías borrosas. Creía que el tiempo se acababa entre besos mal hechos y pantalones descosidos de confianza. Sin duda, no estaba hecha un lío, era un completo lío, un whisky sin hielo, un cigarro sin humo que intente escaparse de tu boca. Las guitarras dejaron de sonar lejos para venir con acordes suaves a abrazarte cada mañana y los hoyuelos en camas ajenas estuvieron dispuestos a acompañarte a casa todas las noches. Nunca supimos qué pasó exactamente, solo supimos que fue jodidamente perfecto. Intentaste aprender a sobrevivir, hacer de tu lío una filosofía de vida complementada con unos gramos de insatisfacción dos veces al mes. Los inviernos se volvieron menos amargos y lo directamente proporcional ahora era tu sonrisa a mi lado. En el noveno Diciembre de mi vida, quedaste reducido a amor. A perderse en la pequeña ciudad y a soñar con conquistar una más grande, menos bonita y con más precipicios que amistades. Todo, sin duda, quedó reducido a que por mi tripa se ha hecho un poco mayor. Donde sus pasos encaminan proyectos que quién sabe donde acabarán. 







25/7/12

Es un adiós, no un hasta luego.

Ha pasado mucho tiempo sin mantener una conversación en por mi tripa, ha pasado una esperada visita a Londres, volver a Barcelona, un posible nosotros, un "lo mando todo a la mierda", un todo irá bien.
Miedo quizás de reencontrarme, de escribir algo que describiese tan sumamente bien lo que sentía y aterrorizarme; de miradas que te acechan. Llámemoslo choque contra la realidad, o una hostia de narices, como quieras, aún así no es bueno rodearse de palabras vacías y vidas anónimas, de escribir de todo menos de uno mismo, de crear un cajón de mierda y día tras día abrirlo. 
Decido, que después de perderme en Londres, de saborear abrazos que dejan sin aliento, después de dos años y tanta distancia, después de conocer a Personas que merecen la pena, que aquí termina por mi tripa. Lo mejor de mí, si algún día lo tuve, lo deje caer, mis penas ahogadas en entradas tontas de un blog. No pienses que cambiaré, ni mucho menos, seguiré bailando entre acordes familiares, canciones de Pereza, conciertos de Extremoduro, risas ajenas y guiños inesperados, seguiré siendo pequeña y de las de Pink Floyd. Aún así ahora todo me supera, se me hace grande, o igual soy yo la que crezco y toca borrón y cuenta nueva, abrir caminos nuevos, descubrir que quiero y que nadie me juzgue por leerme. 
Por mi tripa se despide, se aleja de esto, se pierde en su pequeña gran ciudad, la que es cada vez más suya, o al menos así lo siente. Si no me encontrais aquí, estaré en aquel sitio al que llamo casa, mi hogar donde huele igual que siempre aunque pasen los años, si no, estaré en la gran ciudad que hizo perderme rodeada de buena compañía. Gracias por todo, formáis parte de por mi tripa.

Con amor y sin frenos, A.


1/5/12

Vuelo, planeo y me estampo.

Sí, podría morir de escasez de lágrimas. O podría llamarte para preguntarte como te va la vida, quien le ha robado el mes de Abril, o porque todo pasa tan rápido que parece mentira. Dirías que quién no corre vuela, y yo no solo vuelo, sino planeo y me estampo, trago tierra, muerdo asfalto y sangro recuerdos. 
Hablas de que te gustaría atrapar el tiempo, tocarlo con tus dedos; pararlo, guardarlo y así sentirte ladrón por robárselo a la chica más guapa de Bahia pidiéndole una copa. Tú solo subes alto, muy alto y aunque haya vuelto el frío, la lluvia y mis dedos de los pies estén congelados..no importa, tu estás bien.
Sí, podría morir de escasez de abrazo. O podría canturrear y tararear hasta morir su canción y decirse, pequeña PinkFloyd, que se te escapa la vida entre abril y mayo! Jugar a ser mayores... sonaba bonito, pero que son apenas dieciséis años, y no merece la pena morir de soledad con Sabina en la radio.
Sí, podría acabar con la distancia. O levantarse con cara de locos, dirigirse a su parada favorita de autobús y coger el primero dirección a quién-sabe-donde. Sí podría volver a preguntarse quien le robó el mes de Abril, pero sería tontería.