Esta situación se repitió más veces, enfadarse, irse y al poco volver, se había convertido en una rutina, de la que no podían huir. Se querian, pero no se aguantaban más de una semana. Esto les llevaba a la locura, eran personas distintas, que no encontraban un punto en el mapa donde estuviesen estables, eran bipolares, una montaña rusa, a veces abajo, y otras tan arriba que tocaban el cielo con sus manos.
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