Te decides a elegir qué está bien y qué está mal. Piensas que el tren que has dejado escapar al final no va a descarrilar como tú te pensabas y que igual deberías a ver cogido ese, aferrarte a un clavo ardiendo y quemarte, que igual ya no pasan más trenes y la estación más próxima se pierde entre sus huesos y mi cintura, entre sus tonterías de niño de cuatro años y mis risas. Aguantar, que solo son cuatro años, cuatro primaveras y dos adolescencias maduras, un invierno tardío y solitario que se escapa en cada paso en falso que doy con dirección a ti, destino, directo a tu corazón. O a tus labios. Un año que se hace corto y una indeseada Navidad que se aferra a cada grado centígrado que desciende el termómetro. Un encontronazo en cada esquina, las piernas tiemblan, los sentidos se nublan y tú de pie, sonríes. Creo haber perdido el tren a tus brazos, quizá sea la única razón por la que me aferro al pasado, al igual que al clavo.

Es dificil, pero tenemos que mirar hacia delante. Si existe algo, quedará y siempre se podrá recuperar, mejorando lo malo, o lo que se hizo mal...un beso desde Murcia...Vale la pena vivir con la persona a la que quieres...pero morir no merece la pena...
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